
El sueño del niño escritor
Comencé a escribir prácticamente desde el momento en que se me enseñó, cuando tenía 6 años, y entonces no dejaba de escribir cartas de amor a todo lo que amaba, ya sea mi mamá, como al canario que teníamos en casa o a la chica que me gustaba en el colegio. El amor se entrelazaba con todas las fantasías de mi niñez, y por eso escribía para narrar algo que justificase la emoción de mi sentir. Todo siempre era intenso, ferviente y carnal, escribir me ayudaba a exteriorizarlo y darle un sentido, porque aquello lo hacía por devoción.
Recuerdo cuando mi papá y mi mamá me regalaron una Parker, mi primer pluma, y que al ver el trazo de la tinta impregnarse en el papel, sentí una completa euforia de escribir por escribir. Ese fue el momento en que decidí “qué es lo que quería ser de grande”: escritor. Me imaginaba siendo un gran novelista, como otro autor de los tantos que había en mi colorida biblioteca. Yo sabía muy bien que tenía una gran imaginación, y que gracias a que siempre me gustó contar en la mesa, qué es lo que me había sucedido durante el día de aventuras que para mí era el colegio, tenía también un gran talento de narrativa. Fue entonces cuando escribí mis primeros cuentos, que no eran cuentos, sino historias con dibujitos en varias hojas, pero eso sí, con su título y un colorín colorado.
Ya en mi adolescencia el cambio de siglo había traído a mis manos el teclado, y escribir fluía de otra manera. Si bien nunca abandonaba el estilo clásico, el descubrimiento de Word me hizo soñar con la posibilidad de maquetizar grandes historias que serían bestsellers. Y entonces comencé un sinfín de libros que siempre luchaban por un capítulo más, sin nunca llegar a nada. Lo que podría parecer una sucesión de fracasos, es para mí el proceso de práctica y aprendizaje, además del enorme apetito que despierta por fin realizar uno. Ahí fue que se gestó el sueño de “quiero escribir un libro”.
La rutina de Capital Federal había desgastado mis tiempos para ser lo que soñaba. Viajando sabía que tendría el tiempo y la inspiración para escribir. Fue por eso, que a la hora de emprender tal aventura, lejos de parecer una fuga, fue una búsqueda. Cuando decía que viajaría para escribir mi primer libro, nadie encontraba fundamentos para decirme que eso era una mala idea. Entonces, viajé y lo logré: “El mundo en el patio de mi casa”, un libro que cuenta no solo la historia de una gran aventura, sino que por sus componentes y valor, resulta ser testimonio de importantes aprendizajes y reflexiones.
Por alguna extraña y conocida razón, aún no he publicado aquel primer libro. A lo largo de todos estos años se mantuvo en constante gestación, buscando su momento de ser y nacer. La vida me fue llevando por varias interpretaciones del mismo, y sea su final, su principio o su lineamiento, siempre algo cambió para mejor. Celosamente lo guardo y no lo apuro, pero con la entera confianza de que será en el mejor momento.
Cierto es que escribir suena más fácil decirlo que hacerlo, y una vez que regresé del largo viaje con mis manuscritos fragmentados en hojas sueltas y cuadernos aguerridos, fue difícil conectarme con el trabajo de escribir en una computadora. El proceso de tipear me cansaba y me aburría rápidamente, me quitaba elocuencia y me hacía redundar constantemente en párrafos y oraciones. Y en el mientras tanto, por supuesto que se contempla el contexto, ya que para poder escribir, hay que partir de la base de que uno tiene que estar tranquilo e inspirado. Encontrar, construir y establecer ese espacio fue por muchos años una lucha sin fin, ya que vivía constantemente de un lugar a otro, entre viajes, mudanzas y decisiones.
A los 26 años vivía en Venecia, y allí creía haber encontrado mi lugar en el mundo. Trabajaba en un hotel y me sobraba el tiempo y la libertad para sumergirme en el romanticismo de sus canales. Pero de un día para el otro todo eso desapareció y una pandemia puso todo de revés. Lejos de huir y volver a mi casa, decidí afrontar la odisea que implicaría sobrevivir solo y sin techo en el mundo. Aquel periodo fue quizás el más difícil de mi vida, pero fue el que revindicó mi esencia de escritor, ya que me sobraba lo que siempre necesitaba: tiempo.
Durante el primer año de pandemia estuve escribiendo poesías, que no hacían más que canalizar y romantizar el naufragio que atravesaba entre el desconcierto y el caos. Blandiendo el arte de viajar fui por varias ciudades y eso alimentó mucha mi creatividad, hasta que al cabo de un tiempo, tenía en mi cabeza una nueva historia, y que desde el principio supe, sería la mejor de mi vida.
Así se comenzó a gestar el “Peón Bohemio”, una historia de fantasía en la cual un universo de ajedrez refleja el proceso mediante el cual yo me antepuse a la dura y conflictiva realidad causada por el coronavirus. El proceso creativo de aquel libro implicó un peregrinaje desde Roma hasta Santiago de Compostela, careciendo dinero a lo largo de cinco meses y más de 3000 km de camino. Por supuesto mucho me entusiasma el resultado de tal aventura, y por eso hoy en día el Peón Bohemio es mi mayor proyecto y el libro que más deseos tengo de ver publicado.
Sin querer dejar por fuera la historia de aquel mítico peregrinaje, comencé a escribir en paralelo al Peón Bohemio, un libro titulado: “Alea Iacta Est” (La suerte fue echada), que no solo narra la increíble aventura vivida, sino también el proceso mediante el cual el ajedrez fue mi herramienta para defenderme y vencer.
Ambos libros avanzan día a día, y tengo mucha confianza en que pronto saldrán a la luz. Sin embargo, el 2023 estaba predestinado a ser mi gran año. Desde un inicio me sorprendió con la posibilidad de publicar mis primeras palabras en este diario, al cual agradezco y aprecio muchísimo. Los meses siguen pasando y siempre todo cada vez mejor.
El 23 de septiembre del 2023, en mi cumpleaños número 30, quise regalarme algo muy especial: publicar mi primer libro. Fue entonces que reuní todas las poesías que había escrito durante el 2020 y compaginé un poemario que titule: “La cuarentena en el desierto”. Mediante un fácil proceso de auto publicación de Amazon, logré imprimir sus 84 páginas en formato de tapa blanda y por primera vez en mi vida, en el día de mi cumpleaños, tuve un libro mío en las manos.
Aún no es mi mayor oficio, pero escribir es la aventura más romantica de mi vida.
Nicolás Simone
@soyharmonico